Feminismo en México: Una lucha histórica
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- 8 mar
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Escrito por: Gabriela Tenorio
Cuando hablamos sobre el feminismo en México no solo lo hacemos refiriéndonos a un fenómeno que sea actual o que haya surgido de manera espontánea, sino de todo un proceso histórico que ha logrado atravesar y sobretodo cambiar la manera en la que vivimos las mujeres día con día en el país.
Desde sus primeras manifestaciones en el siglo XIX hasta la irrupción de las nuevas generaciones en el siglo XXI, el movimiento ha evolucionado como un impulso constante que busca transformar las condiciones de género y erradicar las dinámicas de una cultura que históricamente buscó restringir a la mujer al ámbito doméstico solamente.

Sus Orígenes en el país
Aunque el feminismo suele percibirse como un movimiento moderno, diversas fuentes revelan que en México ya existían organizaciones como “La Siempreviva” antes de la época porfiriana. Sin embargo, no fue hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando las ideas ganaron terreno por medio de revistas femeninas que exigían un derecho fundamental: la educación igualitaria.
Es en este periodo de tiempo donde surgen figuras importantes como Laureana Wright de Kleinhans (1846-1896), pues hoy se le considera como la defensora más brillante y radical de la liberación de la mujer en su tiempo, y fue desde su revista, Violetas del Anáhuac, que Wright no solo demandó el acceso al conocimiento, sino también el derecho al voto, la cual chocaba fuertemente con la ideología dominante de la época a lo largo de todo el país.
Después de esto llega Hermilia Galindo (1896 - 1954), fundadora de la revista “La mujer moderna”, pues gracias a ella se logró llevar la lucha a la esfera política y participó en los históricos Congresos Feministas de Yucatán en 1916. Su postura fue revolucionaria al afirmar que la "esfera" de la mujer no terminaba en las paredes de la casa, sino que estaba en el mundo entero. De igual forma, Galindo defendió temas tabú para la época, como el instinto sexual femenino y la necesidad del sufragio para que las mujeres pudieran salvaguardar sus propios intereses y los de la patria.
El feminismo en la política
Después de las primeras conquistas ciudadanas, el movimiento feminista en México entró en una etapa de maduración y diversificación que abarcó casi medio siglo. Durante estas décadas, el feminismo no fue un bloque único, sino un conjunto de organizaciones que, aunque distintas, lograron coordinarse en torno a una agenda común para transformar las condiciones de desigualdad.
Esta evolución comenzó en los años 70, en donde la lucha se centró principalmente en el libre ejercicio de la sexualidad, la maternidad voluntaria a elección y la atención urgente a víctimas de violación. Fue en este proceso de diversificación donde el movimiento comenzó a cuestionar el estereotipo tradicional de la mujer abnegada y dócil, analizando cómo la presión por cumplir con estos roles impuestos afectaba a su vez gravemente la salud mental y el bienestar emocional de la población femenina.
En los años 80 su enfoque se amplió hacia los derechos laborales de mujeres en sectores populares y además fue en esta misma década donde la denuncia de la violencia de género cobró un vigor inusitado y se comenzó a exigir la tipificación de los delitos sexuales.
En los 90 el movimiento paso al ámbito público, pues comenzaron a trabajar en la creación de leyes e instituciones, promoviendo la "transversalidad" de la perspectiva de género en todas las políticas gubernamentales y defendiendo los derechos reproductivos. Finalmente, en las últimas dos décadas, se sumó la exigencia de paridad de género en partidos políticos y el gobierno.
Es este mismo trayecto que convirtió al feminismo en uno de los actores sociales más consistentes e importantes en México, pues ha logrado hitos históricos como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en 2007, sentando las bases institucionales para lo que vendría después.
Actualidad
A partir de 2019, México comenzó a presenciar un movimiento feminista catalogado como “de nuevo tipo”, protagonizado principalmente por mujeres jóvenes de entre 18 y 23 años. Esta nueva oleada tuvo uno de sus epicentros más visibles en la UNAM y se distingue de las décadas anteriores por carecer de liderazgos únicos y por utilizar un lenguaje directo, confrontativo y, en ocasiones, el uso de la violencia simbólica como medio de comunicar y sacudir a una sociedad e instituciones que perciben como indolentes.
Lo que en sus orígenes comenzó como una lucha intelectual y valiente por el derecho a una educación igualitaria y el acceso a la ciudadanía política, se ha transformado hoy en una fuerza masiva y diversificada que impugna de manera radical la violencia estructural y la desigualdad en todos los estratos posibles.
Es por eso que el feminismo mexicano se consolida como una herencia de resistencia que, a través de distintas oleadas y estrategias, continúa redefiniendo las coordenadas de la justicia y la autonomía, sosteniendo con firmeza que la esfera de acción de las mujeres no se limita al hogar, sino que abarca el mundo entero.



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