La carga mental invisible en mujeres: cómo la autoexigencia y las creencias inculcadas desde la niñez afectan su bienestar
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- 7 mar
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Escrito por: Ale Quiroz
La carga mental invisible en las mujeres es un fenómeno que puede afectar su salud mental y física. La psicóloga Sandra Nohemí Bolaños Cruz, especialista con 13 años de experiencia en consulta clínica con adolescentes y adultos, explica que algunos factores que propician esta saturación mental son la autoexigencia alimentada por las redes sociales y las creencias inculcadas desde la infancia sobre los roles de género.

Qué es la carga mental invisible y por qué afecta más a las mujeres
De acuerdo con Bolaños, la carga mental invisibilizada se refiere a un conjunto de procesos mentales y emocionales relacionados con la organización y la gestión de responsabilidades cotidianas.
“Tiene que ver con anticipar, organizar, monitorear, supervisar y responsabilizarse de situaciones familiares, personales, laborales y emocionales que, en muchos casos, superan el tiempo, la atención y la energía de las mujeres”, señala.
La especialista explica que la raíz del problema suele encontrarse en creencias que se transmiten desde la infancia dentro del entorno familiar, donde con frecuencia se enseña que las mujeres deben hacerse cargo del bienestar de los demás, ya sea de hermanos, padres u otros miembros de la familia.
“Vamos internalizando este rol de manera inconsciente y asumimos que la mujer es quien debe cuidar y atender las necesidades de otros. Por eso suele afectar más a las mujeres, porque muchas veces aprendemos ese papel desde la niñez”, afirma.
Consecuencias en la salud mental y física
La carga mental invisible puede manifestarse con el paso del tiempo mediante distintos síntomas. No obstante, Bolaños aclara que estos no representan el origen del problema, sino una consecuencia de las creencias que sostienen estas dinámicas.
Entre los efectos más comunes se encuentran el estrés crónico, la fatiga mental y física, síntomas depresivos, ansiedad, irritabilidad, síndrome de burnout (agotamiento físico, mental y emocional asociado al estrés laboral) e insomnio.
También puede aparecer la dificultad para descansar o la culpa al hacerlo. “Muchas mujeres sienten que no pueden parar porque piensan en todo lo que aún tienen que hacer: atender la casa, a los hijos o a la pareja”, explica.
En el ámbito físico, la especialista señala que también pueden presentarse dolores musculares frecuentes, migraña, gastritis, esofagitis o colitis, padecimientos que en ocasiones tienen relación con el estrés emocional.
“Anticipar constantemente problemas y mantenerse en estado de alerta para resolver las necesidades de otros puede generar afectaciones en la salud mental, emocional y física”, advierte.
La presión de cumplir múltiples roles
Actualmente, muchas mujeres desempeñan diversos roles dentro de la sociedad: madres, parejas, trabajadoras, hijas y cuidadoras, entre otros.
“Hemos luchado por nuestros derechos y por participar en distintos espacios, como el laboral o el social. Sin embargo, esto también ha implicado asumir más responsabilidades”, señala Bolaños.
Ante estas exigencias, algunas mujeres adoptan una dinámica multitarea que, según la especialista, puede generar efectos negativos en la memoria, las emociones y la toma de decisiones.
Otro efecto frecuente es el sentido constante de urgencia, que puede derivar en ansiedad. “El tiempo se reparte entre el trabajo, el cuidado de los hijos, las tareas del hogar, la vida social y el autocuidado. Existe la idea de que la mujer debe cumplir con todo para sentirse plena”, menciona.
Las redes sociales también influyen en esta percepción. “A veces ni siquiera son las personas cercanas quienes exigen tanto, pero en redes se proyecta la imagen de una ‘mujer ideal’ que debe ser buena madre, pareja, profesionista, hacer ejercicio y tener tiempo para sí misma. Esa comparación puede generar una fuerte autoexigencia y la sensación de no ser suficiente”, explica.

Cómo identificar una sobrecarga mental
Uno de los principales indicadores de sobrecarga mental es la culpa al descansar.
“Hay mujeres que no se permiten hacerlo porque incluso en momentos de relajación están pensando en pendientes domésticos o familiares”, comenta la psicóloga.
Otra señal es la dificultad para detener el flujo constante de pensamientos relacionados con responsabilidades o problemas por resolver.
Asimismo, la dificultad para delegar puede ser un indicador importante. “A veces pensamos que si no lo hacemos nosotras, las cosas no se harán correctamente, por lo que asumimos más responsabilidades de las que realmente nos corresponden”, señala.
Los cambios frecuentes de humor, la irritabilidad o la sensación de saturación también pueden indicar una carga mental excesiva.
“Si ya está afectando varias áreas de tu vida —la relación con tu pareja, la convivencia con tus hijos o la concentración en el trabajo— es importante detenerse y reconocer que quizá necesitas apoyo y herramientas para cuidar tu bienestar”, enfatiza.
Cambios que pueden ayudar a reducir esta carga
Bolaños señala que el primer paso consiste en cuestionar las creencias relacionadas con el descanso.
En algunos casos, estas ideas se transmiten dentro del entorno familiar. La especialista recuerda que en su infancia escuchaba frases como “a descansar al panteón”, una expresión común que puede reforzar la idea de que descansar es negativo o improductivo.
También recomienda reflexionar sobre el autocuidado personal: preguntarse si se está priorizando el propio bienestar y qué creencias influyen en la forma en que cada persona se valora.
Otra acción importante es identificar qué factores dificultan el autocuidado y reconocer cuándo se está relegando el propio bienestar para atender constantemente a los demás.
Delegar responsabilidades y reducir el perfeccionismo también puede ser clave. “Es posible que otras personas no hagan las cosas exactamente igual que tú, pero aprender a soltar ciertas tareas permite recuperar tiempo y energía personal”, explica.
Asimismo, la especialista destaca la importancia de establecer límites de forma asertiva. “Los límites son una forma de respeto hacia uno mismo y comunican a los demás cómo queremos ser tratados”, señala.
Finalmente, subraya que como sociedad es necesario reflexionar sobre los mensajes que se transmiten a niñas y mujeres respecto a los roles de género y el cuidado de otros.
Escuchar el bienestar propio
La psicóloga invita a las mujeres a prestar atención a su bienestar emocional y reconocer que pedir ayuda también forma parte del autocuidado.
“Es posible vivir plenamente siendo madre, hija, pareja o trabajadora sin tener que vivir en agotamiento constante. El cansancio permanente y el estrés no deberían normalizarse”, afirma.
Bolaños concluye que ser mujer no debería implicar una carga permanente de responsabilidades.
“Ser mujer es mucho más que hacerse cargo de los demás. También implica reconocer el propio valor, desarrollar resiliencia y aprender a cuidarse a una misma”, finaliza.



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